El nombre de "fruto seco” surge debido a la escasa composición de agua que contiene este particular alimento. A diferencia de las frutas, formadas en más de un 80% por agua, ningún fruto seco supera el 50% de H20. La variedad existente de frutos secos es casi tan diversa como su procedencia. Esta abundancia, unida a sus propiedades nutricionales, los convierte en un elemento imprescindible en la alimentación de casi cualquier cultura. Uno de sus principales rasgos distintivos es que siempre los encontramos en la naturaleza cubiertos por una cáscara dura y no poseen hueso en su interior.